Yo vuelvo a mi efervescencia porque es el
refugio más barato que tengo.
Sin ninguna deuda, pero con pelusa y pelo de perro.
Al rincón donde yo nací
e innumerables veces me raspe las rodillas,
llorando luego de que mi padre derramara en ellas Merthiolate.
Creyendo en la palabra de jehová
y en las caricias de mi madre.
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