Una de esas Musas que están en la cabeza las 24 horas del día,
o no quizás las 24 horas, pero sí en aquellos momentos
en los que estuvieras lo suficientemente consiente y feliz
como para pensar en ella.
y allí, esa musa estaría,
tan leal como tú mismo,
disponible a esos antojos que implicaran pinturas y tallas.
Yo quería una Musa, una Musa propia,
que no fuera de Picasso, Leonardo o Miguel Ángel
sino de Gabriel.
Que fuera la inspiración instantánea para que así
hiciera brotar de un pedazo de nada
el todo de mi Humanidad .
Una a la cual Yo celaría con los pinceles
por tocarla tanto,
la vigilaría de las gubias para que su cuerpo
no fuera cortado más de lo debido.
y al finalizar la obra,
Yo quedaría perplejo ante tal belleza,
ante tal magnitud y su poder que es
reflejado en un pobre pedazo de madera.
Es por esto que
deseaba tan fervientemente
una Musa.
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