Estos escritos serán cantados por los Dioses del Olimpo, en la puerta de San Pedro, en el ares – el infierno-, en la plaza Bolívar y en tu cara.
Alta la caraja, posesiva, impulsiva, píntala de colores claros y veras que no es lo que parece. Que incluso los más sabios, los filósofos, los poetas, los modelos y los “machos” lloran delante de ella, -sin pena-. De cómo camina en la pasarela, en la calle, las ceras… y todo bajo un mismo compas, al son de sus caderas, y yo soy quien hoy lo está escribiendo, no soy quien para entender la amistad, ni para revolcarme en el suelo, porque hoy solo quiero escribir como la caraja aquella de las fotos pintorescas y bueno, quizás tener algún recuerdo de ella.
Tan seguro de ser hombre porque me veo desnudo, tan imprescindible como respirar oxigeno barato, tan ostentoso como unos senos recién operados, tan idílico como el hecho de haberme dicho la verdad; como el TANG de mora, así eres tu pana.
No te merezco y lo sé, pero es tu maldita forma de ser, que me vuelve un catador ciego. Que me mantiene sentado esperando y me hace hacer esto. Yo creo en un poder divino, no en los hechizos, creo en el azúcar que endulza las cosas y en el cloro que blanquea la ropa. Yo creo en algo omnisciente, omnipotente, que una tristeza hay que tragársela con agua ardiente. Y creo en las hadas, en los deseos y que la música transmite palabras.
Tu primer acto es: Mandarme al carajo. Luego viene el contra punteo, el “basta”, el pito y la guacharaca. Y lo peor, ya me acostumbre a todo esto. Sin saber, ni darme cuenta, sin preguntarme el por qué o para qué, aquí estoy, Sin una pieza.
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